Transmisiones Libres

Admiro a los resistentes, a los que han hecho del verbo "resistir" carne, sudor, sangre, y han demostrado sin aspavientos que es posible vivir, pero vivir de pie, incluso en los peores momentos.

Luis Sepulveda

La Resistencia Social

ASPECTOS INTERPRETATIVOS DE LAS RESISTENCIAS [1]

A la raíz va el hombre verdadero.
Radical no es más que eso: el que va a las raíces.
No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo.
Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres.

José Martí

Introducción

Las manifestaciones sociales de resistencia irrumpen hoy de manera masiva en el acontecer mundial, originando múltiples interpretaciones; por ser estos procesos a la vez antiguos y nuevos, algunos intelectuales han retomado las definiciones que en épocas anteriores se han dado a la resistencia y otros vienen realizando el ejercicio de análisis sobre el acontecer actual de los procesos de resistencia, este ultimo es el caso de quienes al interior de ATI desde diferentes espacios de trabajo venimos realizando un ejercicio de análisis que reconoce la dificultad de determinar  a priori un concepto de resistencia, pues ello redundaría en el estrechamiento de la mirada sobre los procesos reales que se encuentran en construcción actualmente; al considerar en acuerdo con Foucault en su artículo el sujeto y el poder cuando plantea: Desde el momento en que una teoría presupone una objetivación dada no puede ser tomada como la base de un trabajo analítico. Pero este trabajo analítico no puede proceder sin una conceptualización permanente, la cual, implica un pensamiento crítico, una revisión constante”[2]; en consecuencia la apuesta metodológica que proponemos, parte de la necesidad de ir acopiando los elementos al interior de cada proceso de resistencia, a medida que se van realizando y profundizando los encuentros con las comunidades*. Para tal fin, se cuenta con las herramientas teóricas y metodológicas aportadas desde “el dialogo de saberes”, la investigación acción participativa, y la metodología cualitativa, con sustentos en información cuantitativa.

Se debe entonces evidenciar algo que puede resultar obvio por ser inherente a cualquier proceso humano, pero que sin embargo no puede dejar de hacerse evidente por los equívocos a que llevaría su desconocimiento, esto es que los procesos de resistencia estan inmersos dentro de un contexto que comporta diversas esferas imbricadas entre sí, esferas de las que no es posible abstraerse, ni en la práctica misma de la resistencia, ni en su análisis, por estar ellas determinadas con anterioridad y como producto humano histórico, son la esfera económica, política, cultural, social. Cada una de ellas presenta características particulares en su concreción práctica, cada una de ellas ha conformado un cuerpo institucional a través del cual se manifiesta, se mantiene y reproduce.

En aras de promover el debate sobre la afectación que las diferentes esferas enunciadas, ejercen sobre los procesos de resistencia se expondrán a continuación algunos elementos generales de dichas esferas.

Esfera Política

Entendemos como esfera política, el campo social en el que se hayan en juego las decisiones sobre el presente y futuro de un ser humano, un grupo social, una comunidad, una nación o el mundo.

En este sentido, es posible afirmar que todo ser humano es un ser político en esencia, puesto que durante todo su proceso de vida ha de asumir decisiones ante coyunturas determinadas; el alcance de estas decisiones lo ubica en los diferentes niveles de relacionamiento social: individual, familiar, comunitario, nacional o mundial; a la vez que le acarrea consecuencias cuya dimensión depende del nivel en que tome su decisión. Hay que decir, a renglón seguido, que el ejercicio político dentro de la sociedad contemporánea no se da en absoluta libertad, sino que por el contrario existen múltiples factores que influyen en la toma de decisiones y que en casos extremos la impiden, es decir, imposibilitan el ejercicio político.

El caso más notorio de la imposibilidad de tomar decisiones o de participar dentro de las estructuras políticas  se encuentra en el nivel caracterizado como mundial o global[3] , donde los individuos al ser integrados en un estado pierden su condición de sujeto político (situación aparentemente contradictoria, por considerarse al estado como el ente político por excelencia); en este caso la participación en la toma de decisiones sobre las actividades, direccionamiento y funcionamiento de la vida de los individuos queda subsumida en organismos o incluso individuos que corporeizan la voluntad general y que como veremos más adelante, entran a ser determinados por lógicas ajenas a los intereses de las comunidades que pretenden representar.

El Sistema Político Mundial

El sistema político mundial es resultado de complejos procesos históricos, vividos por los grupos humanos en diferentes partes del mundo, procesos que se han denominado órdenes geopolíticos mundiales. Como nos estamos refiriendo a procesos históricos es indispensable tener presente la temporalidad, la ubicación geográfica de los mismos y la distribución del poder en el mundo, las diversas potencias y el grado de poder que comporta cada una de ellas, con el fin de identificar la capacidad que cada una posee para influir, en la toma de decisiones sobre los países o lugares menos poderosos.

Es pertinente hablar de momentos en el proceso histórico, determinados por la distribución del poder en el orden mundial, podemos ubicar que “en la historia del sistema interestatal mundial se distinguen los siguientes órdenes geopolíticos: la hegemonía europea (1815-1871), la era del imperialismo (1871-1914), las guerras mundiales (1914-1945), el mundo bipolar (1945-1989) y el mundo multipolar (1989 en adelante)”[4].  En cada uno de ellos, la predominancia de una nación o un grupo de naciones, ha determinado las líneas generales de acción dentro de las cuales se enmarca la toma de decisiones de los países ubicados en su radio de influencia.

A partir de 1989, se habla de “un mundo multipolar”, haciendo referencia a la existencia de varias fuentes de poder, cuya incidencia tiene un radio de acción territorial que divide el mundo en “cinco regiones”, cada una de estas regiones tendrían en su centro una nación poderosa; en diferentes documentos se encuentra la siguiente clasificación:

  1. Occidente: comprendida por los países latinoamericanos, con sus respectivas islas, Norteamérica y cuya cabeza en términos de poderío es Estados Unidos. Por la ubicación geo-espacial y por las relaciones comerciales, políticas y militares, Colombia pertenecería entonces a la región cuyo centro es Norteamérica.
  2. La Unión Europea, cuyo radio de acción alcanza a los países integrantes como tal de la Unión, y sus vecinos ex - integrantes de la Unión Soviética, África y cuya cabeza más poderosa la representa Alemania.
  3. Por otra parte nos encontramos con la región pacífico - asiático que comprendería los países orientales, los llamados “tigres asiáticos” y sus vecinos, esta región estaría bajo la regulación de Japón como centro de poder.

Algunas naciones que no aparecen relacionadas directamente con estas áreas de poder son: China, Inglaterra, Cuba

La interrelación de los centros de poder entre sí, esta determinada por normas de regulación política internacional, para ello se han constituido entidades de orden supranacional, a partir de las cuales se “regula la acción de los estados”,  estas entidades han nacido en contextos anteriores, referidos principalmente a situaciones de guerra o post guerra, y cuya función primordial es la regulación de los conflictos en el orden interestatal, el comportamiento de los estados en situaciones de guerra o conflictos internacionales; a este orden pertenecen las entidades encargadas del DIH, los Tribunales Penales Internacionales, el Tribunal de los pueblos, Amnistía internacional, S.O.S tortura, la OEA, entre otras.

De donde se infiere que el sistema político mundial esta basado en una concepción de orden que promueve la implantación pacífica o violenta de ciertos valores y concepciones dentro de los cuales los estados, las comunidades y los individuos que los componen deben desenvolver su vida, toda esta postura política anula de hecho otras concepciones diferentes sobre la manera en que debe estar organizado el mundo, haciendo de los seres humanos simples instrumentos de mantenimiento y reproducción de concepciones ajenas a su propia historia vital y de relacionamiento social y cultural.

¿Pero que ideas sustentan el ordenamiento político mundial? ¿Qué hace que los estados se acojan a la regulación de estas instancias externas?

Para responder a esta pregunta debemos  remitirnos a los conceptos que han dado origen por una parte a las formas de gobierno y  por otro a los tipos de Estado.

Incluir el aspecto de “las formas de gobierno” resulta importante por cuanto para la interpretación de la realidad política actual, se parte de la premisa de la necesaria existencia del estado, muy acorde con la literatura política clásica donde no se encuentra una crítica contundente su existencia; solo hasta la modernidad con Carlos Marx, como sabemos. Dentro de los teóricos clásicos de las formas de gobierno, a las que actualmente apelan en este ejercicio de analizar la realidad política, los escritores políticos que se autodenominan neutrales u objetivos, apegados a la razón como constitutivo de la modernidad y en cuyo seno desarrollan sus análisis, el problema no se haya en la idea de estado sino en la calificación de las formas de gobierno, en el ejercicio mismo del gobierno. Dando por descontado que el estado es necesario y aún deseable, sus análisis pueden ubicarse más en el uso prescriptivo de la tipología de estas formas (de acuerdo con  los usos descritos por Bobbio y que citaremos más adelante), es decir en clasificar entre formas buenas y malas de gobernar.

Empecemos por recoger a Bobbio cuando citando a Pudendorf nos dice: …una forma de gobierno hace referencia a: monarquía, aristocracia o democracia (Pudendorf, de iure naturae et gentium, L. VII, Cáp. 2,7 y 8; trad. Cit., pp. 164 y 165)[5] y en otro aparte “estas tres formas de gobierno son: el gobierno de muchos, de pocos y de uno, o sea, democracia, aristocracia y monarquía”[6].

La clasificación tripartita de Pudendorf, monarquía, aristocracia y democracia, para presentarse como tal ha pasado por múltiples modificaciones e interpretaciones del pensamiento político clásico[7] que intentaremos mostrar recogiendo el trabajo que Bobbio realiza en su libro “la teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político”, desde allí, se puede afirmar que “cualquier teoría de las formas de gobierno presenta dos aspectos: uno descriptivo y otro prescriptivo”; como descriptivo se realiza una clasificación en un cierto orden, como prescriptivo se expresan uno o más juicios de valor, que en el fondo buscan orientar una preferencia.

 De igual manera Bobbio señala que “una tipología puede emplearse de dos modos, al primero lo llama “sistemático” y tiene lugar cuando ésta se utiliza para dar orden a los datos recopilados; al segundo “uso axiológico” es “aquel que se da a la misma tipología cuando es empleada para establecer entre los tipos o las clases ordenadas sistemáticamente un cierto orden de preferencia que tiene el objetivo de suscitar en los demás una actitud de aprobación o desaprobación, y en consecuencia, repito, de orientar una preferencia”. Profundizando lo anterior con respecto al uso axiológico resalta también la utilización de grados en los juicios de valor, de donde resultan posiciones intermedias, es decir, todo un “orden jerarquizado”, donde “las formas buenas no son todas buenas en el mismo grado, pues hay algunas mejores que otras, al tiempo que no todas las formas malas lo son en el mismo grado, pues hay algunas peores que otras”. Este uso axiológico de las formas de gobierno permite comprender porque inicialmente se habla de tres formas de gobierno, que luego se multiplican en seis o más*

“Conviene decir que, en última instancia, la clasificación en seis constituciones (de las que tres son buenas y tres son malas) deriva del cruzamiento de dos criterios de clasificación; uno corresponde a la pregunta “¿quién gobierna?” y el otro a “¿cómo gobierna?” (Y se entiende cómo gobierna aquel o aquellos designados respectivamente por la respuesta a la pregunta “¿quién?”. Esto se puede observar en el cuadro siguiente”:

¿Cómo?
Bien mal
¿Quién? Uno monarquía tiranía
Pocos aristocracia oligarquía
Muchos democracia oclocracia

Este tipo de uso comparativo puede comprender a su vez juicios de valor dicotómicos y excluyentes entre la buena forma de gobierno y la mala, así, es factible encontrar “escritores políticos que hayan elaborado una teoría de la óptima república o del óptimo Estado (al lado del peor). Por lo menos se pueden distinguir tres maneras de hacer un modelo del óptimo Estado: a) mediante la idealización de una forma histórica (ejemplo: con Atenas y Esparta en la antigüedad, la república Romana, con la república de Venecia en el renacimiento y con la monarquía inglesa en la época moderna, y agrega que podría asimilarse esta forma con lo que represento el primer estado socialista, la Unión Soviética, para los partidos comunistas de otros estados aún sin vivir la revolución). b) Consiste en combinar una síntesis ideal de los diversos elementos positivos de todas las formas buenas para eliminar los vicios y conservar las virtudes. […] El llamado Estado mixto cuya teorización más exitosa se debe al historiador Polibio. c) Puede ser confiada a la elaboración intelectual pura, abstraída completamente de la realidad histórica, o incluso a la imaginación, a la visión poética que se complace en diseñar Estados ideales que jamás existieron y que nunca existirán”.

Agrega Bobbio otra función de la tipología de las formas de gobierno que llama “uso histórico” […] el que han hecho algunos autores de la tipología de las formas de gobierno para delinear una verdadera y propia filosofía de la historia; […] para trazar las líneas del desarrollo histórico que transitaría de acuerdo con un esquema, que naturalmente cambia según al autor, de una forma de gobierno a otra. Con la siguiente consecuencia: las diversas formas de gobierno no constituyen únicamente distintas formas de organizar la vida política de un grupo social, sino también son estadios o momentos diferentes y sucesivos -generalmente uno concatenado con otro, uno derivado completamente del desarrollo de otro- del proceso histórico. Dentro de este uso se destacan los que tienen una concepción cíclica de la historia “de acuerdo con la cual una forma de gobierno se disuelve para transmutarse en otra, hasta dar lugar a una serie de etapas de desarrollo o de decadencia que representan el curso fatal de las cosas humanas, Hegel usando la tipología tripartita de las formas de gobierno hecha por Montesquieu –monarquía, república, despotismo- y hace de ella los tres momentos fundamentales del desarrollo histórico, al considerar al despotismo como la forma de gobierno típica del mundo oriental, a la república del romano y a la monarquía del moderno” […] “cuando lo que es axiológicamente negativo se transforma en históricamente necesario, al juicio de realidad es superior al de valor”.

El resumen que aquí se presenta, nos permite ver el esqueleto de las discusiones que se ha venido configurando a lo largo de la historia de las ideas sobre formas de gobierno, sin entrar en mayores detalles, y sin la intención de reproducir todo el trabajo de Bobbio, baste decir que este panorama nos ayuda a comprender porque la idea de las “formas de gobierno” ha generado tan abundante y copiosa literatura, y aún sigue manteniéndose como uno de los ejes principales de la discusión política. Quiero agregar que para efectos del tema que nos compete, esta literatura ha estado presente en múltiples discusiones que hacen de la búsqueda de soluciones a la problemática actual, un enmarañado sistema de argumentaciones que no ha permitido resolver los grandes conflictos de la historia, me refiero al uso indiscriminado e irresponsable de los recursos de la humanidad, a las graves condiciones de sobrevivencia de gran número de pobladores en el mundo, a la persistencia de las guerras y a la acumulación desenfrenada de capital, y aún más, al gobierno incontrolado ya no determinado en su totalidad por la forma de gobierno predominante (la democracia representativa) sino por la existencia de un sistema económico para el que la vida humana y en general la del planeta ocupa un segundo plano.

Y ahora lo grueso, la idea clave que nos ayudará a relacionar por qué hay quienes se consideran con los argumentos suficientes para demandar de todos los seres humanos obediencia, acatamiento y sumisión, la base de las leyes y del ordenamiento actual.

La categoría de Estado Racional  se construye a partir de ideas que buscaban explicar un antes y un después de la humanidad hasta el momento del establecimiento de una forma de organización socio-política; durante el siglo XVII y XVIII se desarrolla un cúmulo de conocimientos alrededor del derecho que se conoce como “derecho natural”, en el que se incluyen los más grandes pensadores políticos, de Hobbes a Rousseau; al decir de Bobbio y Bovero[8], “la historia de estos dos siglos coincide en gran parte con la historia del iusnaturalismo: nadie puede hacer historia de las ideas políticas del periodo que va del Renacimiento al Romanticismo sin tomar en cuenta, además de los escritos políticos propiamente dichos, los grandes tratados del derecho natural, de Pufendorf a Burlamaqui. Con respecto a la tradición jurídica anterior, la bibliografía del derecho natural exhibe una innovación que es necesario poner de relieve […]: en la sistematización general del derecho esta se comprende al lado del derecho privado, también el derecho público”. Que el derecho romano fuese “ratio scripta” y en cuanto tal gozase del privilegio de una validez que se prolonga y se renueva en el tiempo, era doctrina que se refería al ius privatum (derecho privado) y no al ius publicum (derecho público). […] derecho público y derecho privado permanecían normalmente separados.

Mientras que el derecho privado se había venido desarrollando sin aparentes problemas de continuidad, a través de la interpretatio (interpretación) de los juristas llamados a resolver controversias que, aun naciendo en una sociedad diferente de la romana, se referían siempre a institutos típicos del derecho privado como propiedades, contratos, testamentos, el derecho público moderno había nacido de conflictos de poder desconocidos para la sociedad antigua, ante todo el conflicto entre el poder espiritual y el poder temporal que constituyó por varios siglos el principal argumento de los tratados políticos, y así el conflicto entre regna e imperuim (reinado e imperio), o aquel entre regna y civitales (reinado y civiles?)[9].

“Indudablemente el derecho público, o mejor dicho el embrión del derecho público que se había venido desarrollando durante la Edad Media, se había aprovechado enormemente de las principales categorías del derecho privado: piénsese en la equiparación entre imperium (imperio)  y dominium (dominio) que permitía analizar el poder soberano mediante las refinadas categorías utilizadas para la descomposición y reconstrucción de los derechos del propietario y de los derechos reales en general, y sobre todo en la teoría del pactum (pacto) o de los diferentes  pacta (pactos), que debían servir para explicar las relaciones entre soberano y súbdito, y había permitido tratar jurídicamente, es decir, como si fuese una cuestión para resolverse recurriendo a la lógica del discurso jurídico, el problema fundamental de la obligación, o mejor dicho, de los límites de la obligación, de obediencia a las leyes de parte de los súbditos (del problema de la obligación  política como será llamado después)”. Y ese después es ahora, pero este conflicto no parece haberse solucionado en la actualidad, por el contrario, cada nueva época ha mostrado como estos planteamientos y sus desarrollos posteriores han sido constantemente criticados, refutados y desconocidos por poblaciones enteras o por sectores de ellas.

“Hablando del “modelo” quiero dar a entender inmediatamente que en la realidad histórica un proceso de formación de la sociedad civil como el ideado por los iusnaturalistas jamás ha tenido lugar, en la evolución de las instituciones de las que ha nacido el Estado moderno se ha dado el  paso del estado feudal al estado estamental, del estado estamental a la monarquía absoluta, de la monarquía absoluta, al estado representativo, pero el Estado como un producto racional, como es al que se refiere Hobbes y sus seguidores, es una pura idea del intelecto.

El modelo está constituido sobre la base de dos elementos fundamentales: el Estado (o sociedad) de naturaleza y estado (sociedad) civil. Claramente se trata de un modelo dicotómico en el sentido del tertium non datur (….?): el hombre vive en el estado de naturaleza o en la sociedad civil. No puede vivir al mismo tiempo en uno y en otro. De la dicotomía principal, estado de naturaleza-estado civil, los iusnaturalistas hacen de vez en vez, como sucede con todas las grandes dicotomías, un uso sistemático, en la medida en que los dos términos sirven para comprender toda la vida social del hombre; un uso historiográfico, ahí donde el devenir histórico de la humanidad es explicado como un paso del estado de naturaleza al estado civil y eventualmente como una recaída del estado civil al estado de naturaleza; un uso axiológico, en cuanto a cada uno de los dos términos se le asigna un valor antitético respecto al otro (para quien le atribuye un valor negativo al estado de naturaleza, un valor positivo al estado civil y viceversa). Entre los dos estados hay una relación de contraposición: el estado natural es el estado no- político y el estado político es el estado no-natural. En otras palabras, el estado político surge como antítesis al estado natural, del que tiene la función de eliminar los defectos, y el estado natural resurge como antítesis del estado político en el momento en que este no logra  el objetivo para el que ha sido instituido.

La contraposición entre estos dos estados consiste en que los elementos constitutivos del primero son individuos aislados, no asociados, si bien asociables, actúan de hecho siguiendo no la razón (que permanece escondida o impotente), sino las pasiones, los instintos o los intereses; el elemento constitutivo del segundo es la unión de los individuos aislados y dispersos en una sociedad perpetua y exclusiva que solo permite la realización de una vida de acuerdo con la razón. Precisamente porque el estado de naturaleza y el estado civil son concebidos como dos momentos antitéticos, el paso de uno a otro  se da necesariamente por la misma fuerza de las cosas, sino mediante uno o más acuerdos, es decir, por medio de uno o más actos voluntarios de los mismos individuos en salir fuera del estado de naturaleza, lo que significa vivir de acuerdo a la razón. En cuanto antitético al estado de naturaleza, el estado civil es un estado “artificial”, producto, se diría hoy, de la cultura y no de la naturaleza (donde viene la ambigüedad del término “civil” que significa al mismo tiempo “político” de “civitas” y civilizado de “civilitas”). A diferencia de lo que sucede con cualquier otra forma de sociedad natural en la que el hombre puede vivir independientemente de su voluntad como son, según la tradición, la sociedad familiar y la sociedad patronal, el principio de la sociedad política es el consenso”[10].

Se preguntarán l@s lector@s  ¿lector@sPor qué una cita tan larga sobre el derecho natural y el iusnaturalismo? Esta pregunta tiene varias respuestas:

Los planteamientos de los iusnaturalistas y los estudiosos políticos de los siglos a los que refiere esta cita, han sido las bases sobre las cuales se ha desarrollado e implementado tanto la política moderna como el derecho moderno, afirmo lo dicho, aún corriendo el riesgo de hacer una reducción grosera de las transformaciones y evoluciones que estos conocimientos han tenido dentro de la actual categoría de ciencias de la política y del derecho, aclaro que en este texto no quiero hacer un análisis de una u otra sino sencillamente mostrar cómo la idea de LA RAZÓN como suprema argumentación por la cual se define y organiza un orden de cosas, tiene ya bastante tiempo en la historia de la humanidad y ha permitido a diferentes sujetos acomodarse en las estructuras de poder, tanto en los niveles nacionales a través de estructuras de poder estatales como en las estructuras u organismos internacionales, permitiendo por una parte que un sector de la sociedad (a través de elecciones o sin ellas) determine la forma en que las vidas de todos los seres humanos pueden desenvolverse, ocupando los lugares de los supremos sabios de la razón, cuya misión implementada a través de diversos entes de todo tipo ha sido impedir por todos los medios la permanencia, el desarrollo y reproducción de formas diferentes de vida, como se evidencia en todos los procesos de colonización de que ha tenido noticia la humanidad, provengan de donde provengan: anglosajones y europeos, por nombrar los más destacados y exitosos.

Procesos que han eliminado u obstaculizado múltiples formas de vida diferentes, que traen en su seno el principal enemigo de la razón: las pasiones humanas, la tradición y la anarquía, en pocas palabras, a su modo de ver: el resurgimiento del estado de naturaleza, el caos y la guerra.

De acuerdo con los análisis que realiza Bobbio sobre el pensamiento político de la época alrededor del estado, los pensadores Rousseau, Locke y Hobbes identifican como los temas más agudos el de la obediencia absoluta, - en contraposición a la anarquía y la resistencia en contraposición a la tiranía, “según ello la quinta esencia del liberalismo es la enunciada por kant: “razonen hasta donde quieran y sobre lo que quieran, pero obedezcan”. Para Locke la respuesta está ya no en la obediencia absoluta sino en “la obediencia relativa”, o sea, condicionada al respeto por parte del soberano de los límites preestablecidos a su poder supremo”, y Rousseau reafirma “el deber de obedecer absolutamente”, pero al mismo tiempo sostiene que solamente en la obediencia absoluta, cuando se entiende por obediencia la sumisión a la ley que cada uno se ha dado dentro de la libertad (y también será la solución de Hegel por anti-rousseauniano que sea bajo otros aspectos)”.

La crítica al estado racional, no incluye totalmente a los teóricos como Hegel y Marx, quienes dentro del análisis de Bovero rompen con la tradición iusnaturalista al introducir una nueva tipología de interpretación que él llama modelo hegeliano-marxiano que se basa en la dicotomía sociedad civil- estado o sociedad política, donde la primera es entendida por los iusnaturalistas como el estado de naturaleza en el cual la construcción social es inestable y requiere por tanto de un momento fundante de la sociedad política que se consolida en el estado; sino que es entendida como una construcción externa al estado, donde la sociedad civil es completa y estable y cuya relación con el estado es de oposición. En este sentido, aclaro que la crítica a la idea de estado racional se dirige principalmente a los iusnaturalistas pues los dos últimos autores dan por sentado la idea de lo racional y no es desde esta idea desde donde se sustenta su teoría y en consecuencia es desde otros espacios donde una crítica a estos autores podría tener lugar. Aunque por lo mismo no puedan excluirse del todo de la misma crítica.

Ahora bien, si recogemos los análisis que Weber aporta sobre el tema de la dominación, a propósito de la que ejerce el estado y en la que concuerda considerable cantidad de analistas contemporáneos, no será difícil demostrar que entre los tipos de ella, el que más se acerca a la forma actual de dominación es el que denomina como racional o legal. Para él, “el Estado es aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio –el concepto de “territorio" es esencial a la definición- reclama para sí (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima. Porque lo específico de la actualidad es que a las demás asociaciones o personas individuales solo se les concede el derecho de la coacción física en la medida en que el Estado lo permite. Éste se considera pues como fuente única del “derecho” de coacción”[11].

“La “política” sería, así, para nosotros: aspiración a la participación en el poder, o a la influencia sobre la distribución del poder, ya sea entre Estados o, en el interior de un Estado, entre los grupos humanos que comprende, lo cual corresponde también esencialmente al uso lingüístico. Cuando se dice de una cuestión que es una cuestión “política”, o de un ministro o un funcionario que es funcionario “político” o de una decisión que tiene carácter “político”, entonces se entiende siempre con ello que los intereses de la distribución, la conservación o el desplazamiento del poder son determinantes de la respuesta a aquella cuestión, o condicionan aquella decisión, o determinan la esfera de actuación del funcionario en cuestión. El que hace política aspira a poder: poder, ya sea como medio al servicio de otros fines –ideales o egoístas -, o poder “por el poder mismo”, o sea para gozar del sentimiento de prestigio que confiere”[12].

Si durante el periodo del iusnaturalismo y el derecho natural, la razón se idealiza de tal manera que permite la conformación de los estados racionales; en el análisis de Weber esta situación se evidencia de manera más concreta, por cuanto el estado no sólo tiene dominio sobre los habitantes del estado, en el sentido de la exigibilidad del cumplimiento normativo, o en términos rousseaunianos el cumplimiento del pacto o los pactos, sino que además tiene potestad sobre el territorio y sobre el “derecho” de coacción, lo que en términos generales determina que los funcionarios o jefes de estado tienen en su haber la capacidad de imponer, ya no por acuerdo o consenso sus decisiones y su forma de concebir el orden sino que más allá de eso, poseen la capacidad de imponerlos aún si para ello requieren de la “imposición física”[13], es decir, de la anulación total de la libertad.

Para Weber, hay razones por las cuales el estado como todo tipo de dominación, siendo una relación de dominio de hombres sobre otros hombres basada en el medio de la coacción legítima (es decir: considerada legítima), subsiste; principalmente se requiere que los hombres dominados se sometan a la autoridad de los que dominan en cada caso; esta dominación es explicada por Weber como resultado de motivaciones internas de justificación y de los medios externos en los que la dominación se apoya, estos motivos de justificación interior son entendidos como motivos de legitimidad. En este orden de ideas, Weber expone tres tipos de dominación:

  1. La autoridad del “pasado”, de la costumbre consagrada por una validez inmemorial y por la actitud habitual de su observancia: es ésta la dominación “tradicional”, tal como la han ejercido el patriarca y el príncipe patrimonial de todos los tipos.

  2. La autoridad del don de gracia personal extraordinario (carisma), o sea la devoción totalmente personal y la confianza personal en revelaciones, heroísmo y otras cualidades de caudillaje del individuo: dominación carismática, tal como la ejercen el profeta o –en el terreno político- el príncipe guerrero escogido o el conductor plebiscitado, el gran demagogo y jefe político de un partido.

  3. La dominación en virtud de “legalidad”, o sea en virtud de la creencia en la validez de un estatuto legal y de la “competencia objetiva” fundada en reglas racionalmente creadas, es decir: disposición de obediencia en el cumplimiento de deberes conforma a estatuto; esta es la dominación tal como la ejercen el “moderno servidor del estado” y todos aquellos otros elementos investidos de poder que en este aspecto se le asemejan”.

El tercer tipo de dominación concuerda entonces, con los planteamientos precedentes, por cuanto una vez más es la Razón la base en que se apoya la construcción de las reglas, con una supuesta “objetividad ” en su formulación, cabe preguntar entonces ¿A qué tipo de objetividad se apela en el diseño de las reglas de exclusión social y política de amplios sectores de la población mundial al momento de tomar decisiones sobre la destinación de los recursos de los que depende la sobrevivencia de la humanidad?

Pongamos algunos ejemplos de cómo determinado concepto de orden, delinea la reglamentación y sustenta las medidas de disposición territorial, social, de principios y valores para los pobladores, según normas diseñadas objetivamente y de manera racional, con el claro objetivo de moldear los comportamientos de los seres humanos hacia ese modelo de orden: a los indígenas los adoctrinaban para “sacarlos de su salvajismo”, en el largo periodo de la conquista y la colonia en Colombia y creo no equivocarme al decir que en Latinoamérica, a los indígenas  y a los negros los esclavizaron (hasta casi exterminarlos) porque los blancos necesitaban fuerza de trabajo y en todo caso, la esclavitud no era motivo de cuestionamientos éticos o morales por cuanto el argumento principal era que ellos “no tenían alma” y eran pueblos incivilizados[14]; los españoles dictaron el orden sobre los criollos y les coartaron su acceso al poder; la religión cristiana ha venido determinado lo que se considera “una buena familia”, poniendo pautas, castigando y perdonando; y más recientemente a los indigentes de la carrera décima de Bogotá los expulsaron para que la ciudad se vea linda, ordenada y agradable para los inversionistas extranjeros; Estados Unidos atacó a Irak porque consideró que su cultura no era “democrática” y se sintió en libertad de hacerlo, pero no solo porque quiso, sino porque tenía con que hacerlo. En Colombia los recursos se le expropian a la gente a través de diversos mecanismos, algunos legales, otros por la fuerza de las armas o con sofisticados métodos de seducción o persuasión mediática, los desplazamientos en territorios con recursos son apropiados por quienes desplazan o son entregados a los intereses de explotación extranjera, mixta o nacional, aunque cada vez es menos nacional.

Así las cosas, ¿Los procesos electorales o de “participación” son acaso una especie de burla para legitimar la expropiación y expoliación a cuenta gotas o directa de la vida? o como lo expresó Rousseau al criticar el sistema representativo británico cuando afirmó que el pueblo inglés “piensa que es libre y se engaña, lo es solamente durante la elección de los miembros del parlamento: tan pronto como estos son elegidos, vuelve a ser esclavo, no es nada” (Contrato Social ,III, 15), porque si de algo se puede tener seguridad es que a las generaciones actuales nadie les preguntó si estaban de acuerdo con ofrendar su vida para que el Estado y el orden de cosas pudieran perdurar ¿Estamos de acuerdo en pagar un precio tan alto para garantizar el orden, la seguridad y el confort de los pocos que pueden tenerlos?

Si la pervivencia del estado, no depende de la elección de los seres humanos, si no es posible que cada pueblo, cada comunidad o ser humano decida sobre la forma de organización social, política y económica en la que quiere vivir, estamos ante una encrucijada histórica que da por descontado cualquier consenso, porque ¿Cómo se puede decidir sobre algo dado como cierto en virtud de la razón, la objetividad y la técnica o especialización? ¿Si quienes se encuentran en la burocracia estatal y global, no dependen de su propio albedrío sino que por el contrario están supeditados a la obediencia de una regulación que esta por encima de ellos (me refiero a los funcionarios del estado y de otras estructuras cuya forma es similar[15]) qué posibilidades tenemos de efectuar diálogos, consensos y de hacer efectiva la toma de decisiones? ¿Qué esperanzas podemos tener de la democracia?

En el caso concreto de Colombia, catalogada como un estado social de derecho, república unitaria, democrática, multiétnica y pluricultural, donde el sistema político pretende ser multipartidista basado en la representatividad, de tipo presidencialista y fuertemente centralizado en el ejecutivo; aquí, los procesos electorales además de ser históricamente fuente de incesantes conflictos y agitación social[16], producen un sofisma de representación, sofisma porque las características particulares de origen, e historia de vida en general de las diferentes comunidades, grupos sociales e individuos que componen la población de un país, no las porta quien se hace llamar representante, con gran estiramiento de los conceptos representaría realmente a una ínfima minoría; como ilustración de los problemas de la representación baste tomar algunos de los planteamientos que hace Bobbio “el paso de la representación obligatoria –por la cual el representante se limita a transmitir las exigencias de sus representados- a la representación libre –por la cual el representante una vez elegido se desprende de sus electores, que son una parte del todo, y juzga libremente cuáles son los intereses que debe tutelar con base en el supuesto de que los electores, uti singuli, le hayan encomendado el preservar los intereses colectivos y bajo la idea de que los intereses individuales deban ser subordinados a aquellos-, puede ser interpretado como el paso de una concepción privatista del mandato –por la que el mandatario actúa en nombre y por cuenta del mandante, y si no actua dentro de los limites del mandato puede ser revocado- a una concepción publicista, por la que la relación entre elector y electo ya no pueda ser representada como una relación contractual, porque tanto uno como otro estan investidos de una función pública y su vínculo es una típica relación de investidura, por la que el investido recibe un poder público y por tanto debe ejercerse dicho poder a favor del interés público”. Y a renglón seguido escribe “Pero hoy, quien considere realmente la manera en que se toman las decisiones en un Parlamento, donde los diputados están obligados a observar la disciplina de partido, y cuando se alejan de ella no lo hacen para defender intereses nacionales contra intereses parciales, sino porque obedecen a grupos de presión que en cierto sentido representan intereses más particulares que los de los partidos, debe admitir que una redacción como la del artículo 67 de la constitución (se refiere a la constitución italiana en su momento, pero puede encontrarse este mismo sentido en nuestras constituciones latinoamericanas), “todo miembro del Parlamento representa a la Nación”, suena falsa, si no es que ridícula. Todo miembro del Parlamento representa ante todo su partido, así como en un estado estamental el delegado representa ante todo los intereses de su estamento”[17]

Sin embargo, aún con esta característica sofista de la representación, el elegido actúa en nombre de la población del país, incluso de quienes no ejercieron la votación, pues como nos lo manifiesta Bobbio “en la democracia, la masa de los ciudadanos no solo interviene activamente en el proceso de legitimación del sistema en su conjunto, usando el derecho de voto para sostener a los partidos constitucionales, y también no usándolo, en este caso es válida la máxima de quien calla otorga (hasta ahora nadie ha considerado los fenómenos de apatía política como una seria amenaza a los regímenes democráticos), sino que, y esto es lo más importante, interviene en el reparto, entre las diversas fuerzas políticas, del poder de gobernar, distribuyendo de diversas maneras los votos de los que dispone”[18](las cursivas son mías). Esta situación se agrava en los casos donde las decisiones se toman sobre los recursos estratégicos* de la población, y los comprometen a tiempo indefinido o hasta la extracción definitiva del recurso, dentro de formas contractuales que dependen de criterios del capitalismo de mercado.

Sistema Económico Mundial

“Desde el siglo XVI, con el establecimiento del mercantilismo[19]
se evidencia una alianza entre el estado y los intereses capitalistas“.

Carlos Marx abordó el estudio del sistema capitalista, al considerar que la base de existencia de las sociedades está determinada por la forma productiva dominante[20], y en consecuencia el avanzado mecanismo de circulación de mercancías que conocemos puede ubicarse como el resultado de un sofisticado sistema de producción, cuyos estándares superan con creces los de épocas precedentes, a tal grado que traspasa las fronteras de los estados nación. Si la existencia de las sociedades depende de la forma productiva predominante, no es de extrañar que las formas políticas actuales estén determinadas por las ideas básicas del sistema económico. Esta situación nos obliga a leer las formas políticas contemporáneas a la luz de las imposiciones regulativas del mercado.

Como recordaremos (aquí viene otra ayuda de memoria), el capitalismo está cimentado en la producción y acumulación de capital, la propiedad privada, la competencia, la autorregulación del mercado y la libre circulación de mercancías, organizado todo lo anterior de manera impersonal; los capitales tienen vida propia, los bancos se regulan por sus propias normas y los seres humanos cumplen papeles más bien accesorios en el mantenimiento del sistema, de manera más concreta y más cruda “no importa que el paisano se muera, los capitales perviven, se reproducen y amplían independientemente de ello”.

 El sistema capitalista determina los tipos de negociación económica sobre los recursos, y en todos los casos, la protección normativa está inclinada a favor de los capitalistas o inversionistas, y en detrimento de las comunidades.  No es extraño encontrar documentos en los cuales, intereses particulares se imponen a las poblaciones con argumentos de interés general, y cuyo objetivo es la regulación de la propiedad privada, base del sistema capitalista. Tanto para el capitalismo como para el estado democrático liberal se requiere que los seres humanos rompan las relaciones consuetudinarias o tradicionales que puedan tener con órganos colectivos, llámense comunidades indígenas, negras o de otra índole, para que adquieran el carácter individualizado de agente comercial o ciudadano. Por este hecho, podemos encontrar en disputa dos o más visiones de mundo, una donde se otorga mayor relevancia a la concepción de propiedad privada y por tanto a un tipo de regulación asociada a esta preeminencia conceptual; y por otra parte, una o más visiones de mundo cuya concepción básica es la propiedad colectiva y por tanto una forma de regulación asociada a esta concepción.

La lógica capitalista se enseñorea en el mundo luego de la caída del sistema socialista de la Unión Soviética, se posiciona como el único sistema económico posible, adjudicándose el derecho a determinar e imponer sobre los pueblos catalogados como subdesarrollados, las políticas económicas que desde sus criterios sacarán a los pueblos del atraso. En su nombre y sin cuestionamientos se cometen las más graves arbitrariedades contra los pueblos indefensos. ¿Qué significa para los más grandes capitalistas, las poblaciones ubicadas en los territorios donde sus intereses han vuelto la mirada? ¿Qué significan los discursos de desarrollo para todas estas poblaciones?

La expansión capitalista en la era de la globalización[21], coloca a las comunidades bajo las ansias de depredación de grandes capitalistas asociados en empresas trasnacionales o multinacionales, y en esta relación desigual, fuertemente inclinada a favor de la fortaleza económica, el estado ha asumido la posición de negociador de los recursos nacionales, comprometiéndose a la preparación de los territorios de manera que puedan darse las explotaciones al ritmo requerido por los negociantes capitalistas. Por su parte las comunidades, quienes en la mayoría de los casos han conocido muy de lejos la presencia estatal, se ven abocadas a enfrentarse con los nuevos comerciantes de los recursos, y con los mecanismos estatales de preparación de los territorios para la extracción de los recursos.

Estos mecanismos van desde propaganda de sensibilización frente a la llegada de los extractores de recursos, hasta la utilización de mecanismos de represión ligados a las herramientas de guerra como en el caso del paramilitarismo y el ejército.

Diversos discursos de las elites económicas, políticas y militares están diseñados para que en su interrelación sirvan de justificación a las acciones que desde diferentes fuentes se realizan sobre los territorios y las poblaciones, relaciones discursivas dentro de las cuales se encierra una postura centrada no en los seres humanos y su bienestar desde acciones que dignifican, sino en los objetivos de consolidación y ampliación capitalista, implicando por tanto que las comunidades rurales, negras e indígenas van a transformarse en obreros del campo, proceso que se promueve desde el discurso estatal con el slogan “una nueva ruralidad y un nuevo campesinado”.

Las ideas de libre mercado se encuentran recogidas, sino protegidas por la idea del estado liberal como se evidencia en esta cita de Bobbio al hablar de una definición mínima de democracia “no basta ni la atribución del derecho de participar directa o indirectamente en la toma de decisiones colectivas para un número muy alto de ciudadanos ni la existencia de reglas procesales como la de mayoría (o en el caos extremo de unanimidad). Es necesaria una tercera condición: es indispensable que aquellos que estan llamados a decidir o a elegir a quienes deberán decidir, se planteen alternativas reales y estén en condiciones de seleccionar entre una u otra. Con el objeto de que se realice esta condición es necesario que a quienes deciden les sean garantizados los derechos de libertad de opinión, de reunión, de asociación, etc., los derechos con base en los cuales nació el Estado liberal y se construyó la doctrina del Estado de derecho en sentido fuerte, es decir del Estado que no solo ejerce el poder sub lege (sometido a la ley), sino que lo ejerce dentro de los limites derivados del reconocimiento constitucional de los llamados derechos inviolables del individuo”. […] De ahí que el Estado liberal no solamente es el supuesto histórico sino también jurídico del Estado Democrático.

El Estado liberal y el Estado Democrático son interdependientes en dos formas: 1) en la línea que va del liberalismo a la democracia, en el sentido de que son necesarias ciertas libertades para el correcto ejercicio del poder democrático; 2) en la línea opuesta, la que va de la democracia al liberalismo, en el sentido de que es indispensable el poder democrático para garantizar la existencia y la persistencia de las libertades fundamentales. En otras palabras: es improbable que un Estado no liberal pueda asegurar un correcto funcionamiento de la democracia, y por otra parte es poco probable que un Estado no democrático sea capaz de garantizar las libertades fundamentales. La prueba histórica de esta interdependencia está en el hecho de que el estado liberal y el estado democrático cuando caen, caen juntos”. En este párrafo, Bobbio nos aclara que el Estado liberal  es la base de las libertades, y eso en realidad no suscita necesariamente ninguna crítica, puesto que nadie con un mínimo sentido de la libertad podría estar en contra de que se respeten sus libertades, sin embargo el problema viene cuando se identifica “la libertad de mercado” como uno de esos derechos inalienables, el mismo Bobbio nos plantea esta situación: “Por medio de la concepción liberal del Estado finalmente se hacen conscientes y constitucionalizadas, es decir, fijadas en reglas fundamentales, la contraposición y la línea de demarcación entre el Estado y el no-Estado; por no-Estado entiendo la sociedad religiosa y en general la vida intelectual y moral de los individuos y grupos, y la sociedad civil (o de las relaciones económicas en el sentido marxiano de la palabra).

El doble proceso de formación del Estado liberal puede ser descrito, por una parte, como emancipación del poder político del poder religioso (Estado laico) y, por otro, como emancipación del poder económico del poder político (Estado de libre mercado). El estado liberal es el Estado que permitió la pérdida del monopolio del poder ideológico, mediante la concesión de los derechos civiles, entre los cuales destacan el Derecho de libertad religiosa y de opinión política, y la pérdida del monopolio del poder económico, por medio de la concesión de la libertad económica, y terminó por conservar únicamente el monopolio de la fuerza legítima, cuyo ejercicio está limitado por el reconocimiento de los derechos del hombre, y de las diversas obligaciones jurídicas que dieron origen a la figura histórica del Estado de derecho”.

Hasta aquí, podemos constatar la manera en que el sistema económico capitalista se cobija a partir del Estado Liberal como un derecho, sin ninguna clase de pudor ético al violar uno de los basamentos filosóficos de la existencia del estado que es “impedir que los individuos se hagan daño mutuamente”, pero ¿no es el libre mercado el responsable de muchos daños causados a la humanidad? incluidos los procesos de colonización y exterminio de pueblos enteros, con el objetivo primordial de la expansión del mercado, o las actuales guerras de expansión norteamericanas en nombre de los principios liberales y de dominación de recursos estratégicos como el petróleo (o en nuestro caso concreto el agua, las selvas y la biodiversidad), para no nombrar los procesos de expropiación de propiedades que cotidianamente ejecutan las entidades bancarias por el incumplimiento de los pagos en relaciones contractuales desventajosas para los compradores (me refiero a viviendas y otro tipo de propiedades); si el Estado de Derecho es impotente a la hora de hacer valer los derechos ¿quién entonces controla la expansión del autoritarismo de mercado?, ¿No tendemos con tanta libertad de mercado a una sumisión, a una dominación o a una tiranía económica? ¿Qué tienen que decir los teóricos de las formas de gobierno ante este nuevo sistema de dominación que no respeta ni los mínimos derechos humanos? Y más aún cuando el Estado “Mediante el monopolio de la fuerza legítima –legítima porque está regulada por leyes (se trata del Estado legal-racional descrito por Max Weber)-, el Estado debe asegurar la libre circulación de las ideas y, por tanto, es fin del Estado confesional y de toda forma ortodoxa, la libre circulación de los bienes y, por tanto, el fin de la injerencia del Estado en la economía”[22].

Ahora bien, si el estado benefactor fue depuesto ante las críticas liberales por su intervención en la economía –desatando la ola de privatizaciones más grande de que tengamos noticia-, y no tiene la posibilidad de administrar los recursos estratégicos de todos los ciudadanos, porque debe liberarlos como cualquier mercancía y hacer valer “la libre circulación de las mismas”, convirtiéndose en un negociante más en el libre juego del comercio y abandonando con ello su responsabilidad de administrador del bien público, no es más “lógico-racional” que devuelva la administración a sus legítimos dueños: los ciudadanos, aún con lo que ello significa, un gran reto en la administración social de los bienes colectivos, en beneficio, ahí si, de intereses de sobrevivencia humana.

La Resistencia

Ante este panorama, se entiende por qué han surgido manifestaciones de resistencia social, cuando las condiciones de sobrevivencia de los seres humanos estan siendo desmejoradas de manera arbitraria y brutal, por los intereses del capital. No podemos decir que las manifestaciones de resistencia se han presentado sólo en la época actual, por el contrario, las manifestaciones de resistencia se han producido en diversos momentos de la historia, reflejando que existen inconformidades frente a algo que no le gusta a los hombres y mujeres de cada época; han resistido l@s indígenas, las mujeres, l@s negr@s, los jóvenes al reclutamiento, los homosexuales, transexuales, poetas, escritores, periodistas, los niños vienen resistiéndose desde su fecundación a las exclusiones, se han resistido los seres humanos a dejarse esclavizar, en todas las épocas; podemos seguir completando la lista de quienes se han resistido a lo largo de la historia,  la lista de los excluidos tiende a ser infinita.

Sin embargo, es en la época actual o contemporánea donde las resistencias tienen características más definidas, porque la misma experiencia histórica que ha hecho posible la consolidación de los Estados liberales, democráticos y de derecho, y aún la misma experiencia de la humanidad al afrontar los Estados totalitarios, ha dado insumos para cualificar cada vez más las apuestas y mecanismos de resistencia.

Para aclarar a que nos estamos refiriendo cuando hablamos de las resistencias sociales, es importante recoger un planteamiento general de las resistencias, parafraseando a Foucoault según el cual las resistencias por ser un ejemplo directo de relaciones entre teoría y práctica permiten medir las relaciones de poder, en este sentido, es a través de reconocer el vínculo irrompible entre las formas de resistencia contra diferentes formas de poder, nótese la relación contra, pues describe una situación de oposición, de mutua exclusión, por cuanto no es factible hablar de resistencia cuando el poder es aplicado en toda su dimensión, cuando el poder es llevado al límite donde constriñe o prohibe absolutamente, pues sin la posibilidad de la desobediencia, el poder sería equivalente a una determinación física, determinación física que sabemos es factible de ser ejecutada por el estado, como ya vimos anteriormente cuando hablamos de Weber, pero más grave aún es que esta capacidad no está (por lo menos en el caso colombiano), sólo en manos del Estado.

Anotemos las ideas centrales

  1. Las resistencias se dan contra relaciones de poder
  2. La resistencia reúne en sí misma dos componentes: teoría y  práctica
  3. Cuando el poder es llevado al límite, desaparece la resistencia

En este punto, es pertinente tener en cuenta que diversos autores han delineado aspectos de las resistencias, que no han estado ajenos a largos debates sobre los calificativos que acompañan el concepto: civil, no violenta, pacífica, armada, social; no quiero reproducir aquí estos debates, baste con decir que el adjetivo que más se adecua a los propósitos de este escrito, es el de social, por cuanto no excluye las diversas estrategias utilizadas en el ejercicio de resistir, permite abordar tanto las que así mismas se califican como civiles, pacíficas o armadas, pues no pretendo clasificarlas en su uso axiológico* (un juicio de valor presupone que las cosas que yo evalúo pueden ser diferentes de lo que lo son), si no desde un juicio de hecho (es decir no pretende más que dar a conocer un cierto estado de cosas).

En la esfera política y en la esfera económica se desenvuelven relaciones de poder, por consiguiente es factible pensar que en ambas se encuentren manifestaciones de resistencia que buscan uno o varios objetivos específicos y se manifiestan o hacen evidentes a partir de mediante teorizaciones o análisis, estrategias y acciones, que por supuesto son ejecutadas por un alguien que puede ser colectivo o individual, componentes sin los cuales no estaría completo el concepto, se deduce entonces que para entender las manifestaciones actuales de resistencia se requiere considerar cada uno de estos componentes.

 De acuerdo con los objetivos: podemos decir que en el fondo, como objetivo general las resistencias buscan modificar o anular ciertas relaciones de poder que perciben como nocivas para su propia pervivencia, pero este objetivo solo logra su significado completo desde las realidades precisas de cada proceso de resistencia; se intentará por tanto hacer una aproximación a los objetivos específicos que persiguen las resistencias, a partir de los acercamientos que se han tenido con experiencias concretas, tanto a través de la palabra escrita u oral, como del encuentro directo.

Uno de los objetivos que pueden ubicarse como el de mayor radicalidad es el que apunta a la transformación estructural de la sociedad, por considerar que las bases en las que esta construida poseen equívocos de fondo y que no bastan las reformas para solucionar los problemas que genera este tipo de organización.

Un segundo objetivo que puede ubicarse, podemos llamarlo de profundización de la democracia y está basado en la exigibilidad de cumplimiento de normas, por considerar que el sustento jurídico del estado consignado en la carta magna, es adecuado y que se requiere es su cumplimiento cada vez más estricto, en este sentido, este objetivo puede estar referido a la totalidad de las planteamientos jurídicos o a una norma específica, piénsese por ejemplo en la lucha por los derechos económicos, sociales y culturales.

Un tercer objetivo va dirigido a la exigencia por el establecimiento de regulaciones al sistema económico, a la libertad de mercado y a sus agentes nacionales, internacionales o multinacionales por considerar que con sus procedimientos atentan contra  intereses vitales de individuos, grupos o comunidades, piénsese por ejemplo en los grupos ambientalistas, quienes van contra el consumo compulsivo, quienes luchan contra la pobreza, los excluidos de los beneficios de la producción social y quienes se oponen a las regulaciones económicas emanadas por los centros de poder económico y comercial.

Un cuarto objetivo se enfoca a la exigencia por el respeto a la autonomía, la dignidad, la pervivencia cultural, social, territorial y de estructuras y normas propias de regulación, es el caso de las comunidades negras, indígenas, campesinas y gitanas, entre otras.

Un quinto objetivo apunta al respeto de las diferencias culturales, sociales, políticas y de opción personal frente a posturas impositivas de tipo excluyente que buscan ser totalizantes, por ejemplo quienes reivindican relaciones de género más equitativas y el respeto a la identidad sexual.

Un sexto objetivo apunta a parar la guerra, transformar la violencia y a establecer la paz –muy acorde con la situación que actualmente vive Colombia-, bajo la premisa de la imposibilidad de avanzar en las transformaciones de la sociedad si no se garantiza como mínimo el derecho a disentir.

Aunque para efectos expositivos, se establece una separación de los objetivos, no se consideran excluyentes entre sí, por el contrario, es factible y casi inevitable que se encuentren entremezclados y que se refuercen mutuamente al interior de cada experiencia de resistencia.

Teorizaciones o análisis.

Las experiencias de resistencia vienen tejiendo un cuerpo teórico a partir de análisis sobre amplios temas en diferentes ámbitos de la vida, desde sus propias realidades, concepciones y experiencias, como la base argumentativa sobre la que sostienen sus estrategias y acciones, por este motivo reúnen en sí mismas aspectos tanto teóricos como prácticos. Trataremos de delinear algunas reflexiones al respecto:

Las resistencias y el poder

Las resistencias se manifiestan frente a diversas relaciones de poder y de acuerdo a la capacidad que él mismo tenga de afectar las vidas de quienes se manifiestan en resistencia. Durante muchos decenios, el poder se venía considerando hegemónico, monolítico y centrado principalmente en el estado como la instancia de dominación central o detentadora del poder central, con los recursos colectivos a su disposición; a partir de esta interpretación, las resistencias se expresaban casi en su totalidad contra las relaciones de poder emanadas de él.

En la búsqueda por comprender la construcción y el funcionamiento de las redes de poder que hacen posible la aplicación de las viejas y nuevas políticas de “desarrollo” capitalista, se identifica que diversas entidades del estado facilitan la concreción de los objetivos macroeconómicos en el espacio nacional, regional y local, a través de personas que en calidad de funcionarios públicos materializan las relaciones de dominación.

Pero no sólo este tipo de funcionarios ha cumplido este papel, también se han identificado personas que a nombre de instituciones, empresas, y entidades de diversa índole (comercial, profesional, técnicas) han promovido o viabilizado acciones encaminadas a poner en funcionamiento los mecanismos de ejecución de políticas estatales o en interés de capital privado, y en consecuencia sus acciones han sido cuestionadas y obstaculizadas a través de acciones de resistencia. El poder entonces, no se ejerce desde un ente monolítico, ni soberano[23], por cuanto a su vez, es factible encontrar divisiones al interior de las instancias de poder, tendencias de interpretación de la realidad y por tanto de ejercicio del mismo. Si pensamos en instituciones como las educativas y las fábricas, por ejemplo, encontramos que la sociedad actual se mantiene y reproduce gracias a relaciones de poder vertical, donde consideraciones de tipo técnico, jerárquico o de manejo de saber, se anteponen a principios de igualdad, solidaridad y apoyo mutuo, en detrimento de un nuevo tipo de relaciones sociales más humanas y respetuosas de la dignidad.

Si bien, el poder es detentado desde diversas fuentes, no podemos desconocer la centralidad que en este tema adquiere el Estado en cuanto ente mayoritario, -por lo menos en el nivel nacional- de un amplio espectro de acción y de recursos. En el caso latinoamericano los estados presidencialistas han detentado el poder y los recursos fiscales, así como la dirección de las fuerzas armadas[24], siendo referente sino único, si primordial al momento de abordar el concepto de poder dentro de una nación. En  varios casos que hemos conocido en centro y sur América, los gobernantes de los estados han negociado recursos estratégicos y, territorios que habitan diferentes comunidades (negras, indígenas, campesinas o urbanas), han modificado o permitido la modificación de las leyes de concesiones, contrataciones, uso del suelo y el subsuelo, abriendo las puertas al libre mercado y permitiendo que recursos insustituibles sean tratados como mercancías, todo ello, sin preocuparse por los proyectos de vida que estas comunidades han tejido allí, desconociendo los nexos culturales y afectivos construidos con sus territorios.

Los compradores o capitalistas interesados en esos recursos, como contraparte de la negociación, pretenden hacer uso de la mercancía adquirida; las comunidades obligadas a confrontarlos, se encuentran con que las fuerzas militares del estado estan respaldando a los nuevos dueños, como es “su deber” desde que detenta el monopolio legítimo de la fuerza.

¿Por qué es posible que esto suceda?

Porque en toda relación de poder, se evidencia un acto que determina unas consecuencias y se manifiesta  a través de:

A. el lenguaje

B. La acción: armada o desarmada

“Shoshana Felman, retomando a Austin, plantea que se nos presentan dos concepciones del lenguaje: “Una concepción cognitiva, constativa… [en la cual] el lenguaje es un instrumento de transmisión de la verdad, es decir un instrumento de saber, de conocimiento de lo real”, y en donde se entiende la verdad como “[…] una relación de perfecta adecuación entre un enunciado y su referente, y de manera general, entre el lenguaje y la realidad que representa.”[25]; por otra parte, tenemos una concepción performativa del lenguaje en la que encontramos “expresiones que no tienen como función describir o informar sino realizar una “actuación” (performance), cumplir un acto mediante el proceso mismo de su enunciación.”[26]

Lenguaje y acción se contraponen aparentemente como oposición, de donde derivaría un lenguaje sin acción, contemplativo, no constitutivo ni constituyente de la realidad, es decir hay una dependencia recíproca entre lo que se dice y la fuerza contenida en ello, esa fuerza radica en la capacidad del lenguaje de producir efectos en quienes son objeto del discurso que se dice, si lo que se dice carece de fuerza, estamos ante un discurso con escaso poder, pero si por el contrario el discurso tiene fuerza, estamos ante un discurso capaz de producir efectos en quienes son objeto del discurso (aquí poner cita de Buthler)

El lenguaje como herramienta de poder, determina que en diversas situaciones esa oposición entre lenguaje y acción se diluya, y encontremos por tanto una fuerte simbiosis entre discurso y acción, es decir un lenguaje capaz de generar consecuencias en el plano de la acción, modificante de un estado de cosas previo a la enunciación del discurso. En este nivel del discurso se encuentran por tanto las normas[27] construidas desde un centro de poder que pretende regular la acción cotidiana de los individuos a quienes se aplica la norma.

“En la concepción performativa del lenguaje no se busca establecer la verdad o falsedad de un enunciado sino que se establece, en los procesos de vida, si se materializan como logro o como fracaso los efectos que el enunciado performativo constituye y, al mismo tiempo, produce. En la concepción cognitiva, constativa, el campo de actuación política se remite a la constatación de si el enunciado es falso o verdadero; en el performativo, al tratarse de los efectos del acto, de lo que se trata es del poder de la palabra en el campo de la actuación política”[28] .

El caso colombiano es ilustrativo de la manera como construcciones discursivas desde el estado han permitido y sustentado graves excesos de poder; para el actual gobierno el principal problema que impide el desarrollo del país, lo representan los habitantes nacionales que han optado por el uso de las armas como el medio por el cual pueden hacerse al poder, para según sus planteamientos políticos generar transformaciones revolucionarias al interior de la sociedad. De manera que el discurso oficial del plan de gobierno se dirige principalmente a crear condiciones de seguridad en el país, a contrarrestar el “terrorismo”, en consecuencia con este discurso, los recursos nacionales y las entradas económicas que de ellos devienen están siendo invertidas, en un alto porcentaje en actividades ligadas con el fortalecimiento de la capacidad militar del estado, y por otra parte al pago de los intereses de la deuda externa, originando como consecuencia la baja inversión de recursos nacionales en los aspectos sociales propiamente dichos.

Esta priorización estatal del capital, en desmedro de lo social, tiene sus consecuencias en la práctica, porque la población que comparte la habitación de los territorios con los habitantes armados, es vinculada por los ejecutores militares del discurso contra el terrorismo, con argumentos según los cuales “son colaboradores de los terroristas”.

La preparación territorial pasa por hacer dóciles y proclives a las comunidades que habitan los territorios de interés.

La Acción

Toda acción está enmarcada dentro de un lugar, un tiempo y un sujeto específico, no hay acción sin lugar, sin tiempo y sin el sujeto individual o colectivo que realiza la acción; por tanto los efectos de una acción se pueden medir dependiendo de estos tres factores. Cada acción tiene la capacidad de modificar en uno u otro sentido el contexto dentro del cual se ejecuta la misma.

Para ubicar el sujeto individual o colectivo se requiere de un estudio histórico contextual, a partir del cual el sujeto puede ser redescubierto y descrito en todas sus dimensiones, la claridad en el tipo de sujeto de que estemos hablando nos permitirá identificar su posición en la escala social, sus relaciones con los centros de poder mayoritarios y por tanto definir el tipo de acción que desarrolla, si se trata de una acción de resistencia, de una mera manifestación de inconformidad con una situación coyuntural, o de una manifestación de apoyo a políticas provenientes del centro de poder estatal; esta claridad del sujeto, nos evitará cometer errores frente a la caracterización de la acción.

La temporalidad es por tanto indispensable a la hora de delimitar, definir y dar sentido a la acción, no hay acciones sin tiempo, la reconstrucción histórica permitirá entonces ubicar temporalidades a lo largo de la duración del proceso de una acción que aparentemente puede parecer un acto reflejo a otra situación específica, o una manifestación espontánea. Hay que decir entonces que una acción presenta diversas aristas de temporalidad que deben ser ubicadas y expresadas desde sus relaciones y no como meros datos temporales aislados.

La ubicación territorial es a su vez un insumo nada despreciable al momento de efectuar un análisis concreto de la acción, de igual manera que en los factores anteriormente descritos, la ubicación territorial debe verse en sus relaciones; de esta manera es factible identificar afectaciones a determinada acción que están ligadas a territorios que no siempre guardan las mismas coordenadas que el territorio de aplicación;  por ejemplo decisiones tomadas en contextos internacionales y en territorios aparentemente ajenos a la acción concreta, afectan o determinan en mayor o menor medida el contexto general que la motivan. Sujetos supranacionales cuya sede decisoria se encuentra fuera del territorio por ejemplo latinoamericano, están determinando normativamente el tratamiento de territorios latinoamericanos o cuya ubicación se encuentra fuera de las fronteras del lugar concreto donde se efectúa el proceso de toma decisiones y en la mayoría de los casos los habitantes de los territorios sobre los cuales se legisla, nunca han pisado el territorio sede de la legislatura.

Los procesos de globalización han generado que tiempo y espacio se amplíen en la producción de los efectos de una acción determinada. Toda acción esta sustentada en unas premisas interpretativas de la realidad más o menos concientes, en cualquier caso una acción pretende influir y de hecho lo hace en diferentes sentidos con respecto de una realidad concreta, sin embargo aunque una acción este planificada metódicamente puede generar diversos resultados que no necesariamente están dentro de lo planeado.

Las acciones de resistencia que se realizaron en el pasado y que vienen realizándose son el producto de múltiples experiencias de ensayo y error, por eso algunas de ellas se conservan, otras han adquirido múltiples formas y constantemente se vienen creando nuevas; las acciones como ya dijimos, no se circunscriben a un lugar específico y excluyente, pueden ser desarrolladas tanto al interior de las comunidades, en el espacio de lo público nacional o internacional, algunos ejemplos son: marchas, mingas, hoyas comunitarias, huelgas, paros, rebeliones (de los negros por ejemplo), revoluciones, dependiendo de las dimensiones a que alcanzan cada una de ellas, las revoluciones han sido la expresión más radical de las resistencias, desobediencia, ferias culturales, de productos y semillas.

Estrategias[29].

Las experiencias en resistencia construyen estrategias para enfrentarse con las acciones promovidas o desarrolladas por los centros de poder, algunas de ellas se han consolidado durante décadas y aunque adquieren nuevas formas, no pierden su carácter, esta tarea es de sumo cuidado porque “cualquiera que interlocute con el Estado requiere de múltiples recursos para obtener una respuesta favorable a sus objetivos, puesto que el Estado va a utilizar todas las herramientas a su alcance para evitar ceder, y con mayor fuerza si esto le representa invertir una cantidad significativa de recursos, esto es más imperioso en el caso colombiano, donde los principales intereses estan abocados a la disputa por el poder con otros actores sociales a los que no ha logrado insertar a su espacio de dominación o, en su defecto, como lo prevé el recurso de la guerra, a quienes no ha podido “exterminar”[30].

La primera de ellas tiene que ver con la memoria, comprendida dentro de una lucha histórica de sobrevivencia; para nadie es desconocido que en los currículos académicos circula una memoria “oficial”, que pretende imponerse -y de hecho lo impone en muchos espacios- como la única existente, ha sido este y otros mecanismos de ocultación de las demás memorias la herramienta principal para construir la falsa imagen de “identidad nacional”, las manifestaciones sociales y su presión desde abajo ha obtenido logros que se pueden evidenciar en la constitución de 1991, donde se reconoce la multi etnicidad de la nación, sin embargo, no es el únicamente en el espacio normativo el campo donde la lucha de las memorias se desarrolla; la cotidianidad como espacio de intersección de relaciones sociales ha sido determinante en el mantenimiento de la vida de las memorias que algunos teóricos llaman “memorias subalternas”, la transmisión de narraciones de memoria por diversos medios orales y últimamente escritos es ante todo una estrategia de resistencia a las acciones de exterminio desde los centros de poder.

La segunda y muy importante estrategia de resistencia tiene que ver con la permanencia en el territorio. Las comunidades y principalmente las rurales, quienes han vivido tradicionalmente en los territorios que hoy son codiciados por los mercaderes capitalistas, se niegan a abandonar sus territorios, porque han comprendido y aprehendido históricamente que romper los lazos que han establecido con él, significa la muerte, y aunque la estrategia paramilitar ha tenido como una de sus acciones más importantes el asesinato selectivo y en masa de pobladores de estos territorios, las comunidades han encontrado formas de permanencia.

La tercer estrategia de resistencia, fuertemente ligada a la anterior, pero que merece ser catalogada como una unidad en si misma, es la recuperación y resignificación de formas de producción limpia, tradicionalmente utilizadas pero que adquieren una dimensión invaluable frente a las formas de producción agro industrial basadas en la utilización de productos químicos que son promovidas desde los centros de poder.

La cuarta estrategia tiene que ver con el establecimiento de redes de comunicación y acción entre los diferentes sectores y comunidades de la sociedad que se encuentran en procesos de resistencia ante amenazas y acciones de dominio, este aspecto es muy importante por cuanto busca acentuar las proximidades y colocar en un segundo plano las posturas consideradas irreconciliables, cuando está en juego la vida y la permanencia nada hay más importante.

La estrategia que podemos llamar transversal esta relacionada con puestas de construcción de oposición a los diversos poderes, desde la creación de poderes alternativos, podríamos compararlo como la vocación por democratizar el poder, para algunas experiencias este proceso ha sido entendido como de empoderamiento, donde el concepto de “empoderamiento” significa la capacidad de todos los seres humanos de construir poder e incidir en las decisiones que determinan su existencia, el empoderamiento desde los ámbitos cotidianos en los espacios domésticos o familiares, hasta ámbitos mucho más generales frente a políticas mundiales de dominación o aplicación del poder.

Sin pretender afirmar que se ha dicho todo lo que se puede decir de los procesos de resistencia en curso, quiero hacer énfasis en algunos puntos que a mi modo de ver están en las raíces mismas de estos procesos.

Las resistencias sociales confrontan directamente las bases que sustentan el estado racional moderno, por cuanto sus practicas parten de un sentido amplio de lo colectivo, evidencian la existencia de fuertes lazos comunitarios desde donde han construido por siglos su memoria y su identidad, como anota Foucoault “Son luchas que cuestionan el estatuto del individuo; por una parte, afirman el derecho a ser diferentes y subrayan todo aquello que hace verdaderamente individual al individuo. Por otra parte, atacan todo lo que separa al individuo, lo que rompe sus lazos con los otros, lo que rompe la vida de la comunidad, lo que lo obliga a respaldarse solo en él y lo ata a su propia identidad por una vía constriñente. Estas luchas no son exactamente por o contra el “individuo” sino mas bien luchas contra el “gobierno de la individualización”.

Todo el discurso de la razón que se anotaba en la parte inicial del texto, propende por el desconocimiento de las pasiones, de las múltiples posibilidades de subjetividades; las experiencias de resistencia social reivindican la posibilidad de sentir, se sustentan para afrontar el presente y el futuro desde sus pérdidas, desde los dolores que históricamente han padecido y  se niegan a matar la memoria de sus muertos desde el reconocimiento de la memoria histórica, de su propia memoria.

Frente al gobierno de la tecnocracia, la burocracia y la representación ejercitan la democracia directa, incluso porque pueden hacerlo por las características de cercanía cotidiana, reconocen el conocimiento depositado por años en las personas de más edad y propenden por su difusión y manejo desde cada uno -anteponiéndolo a otro tipo de saberes que ocupan un status dentro del esquema de conocimiento formal, bancario y academicista[31]-, a través de la difusión y la puesta en práctica de los mismos, exigen por tanto respeto para sus formas organizativas, para los mecanismos propios de toma de decisiones y de ejercicio de justicia, acciones que serían descalificadas por los teóricos de la política moderna por considerarlas dentro de la categoría Weberiana como dominación tradicional y como obstáculos a “la mayoría de edad” Kantiana.

BIBLIOGRAFIA

A.T.I., Planeta Paz, PIUPC UN, Memorias Encuentro Internacional, la Resistencia Civil, Difundir limitada, Bogotá, 2004.

Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

Bobbio, Norberto, La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, Fondo de Cultura Económica, México, 1996.

Bobbio, Norberto, Bovero, Michelangelo, Sociedad y Estado en la filosofía moderna, Fondo de Cultura económica, México, 1996.

Cárdenas Motta, Humberto, Carta documentos de reflexión, Bogotá, 2005.

Cárdenas Motta, Humberto, Consejo Comunitario del río Naya, Gramática de la barbarie, Bogotá, 2005.

Echeverría, María Julia, Capuz, Silvia María, El Sistema Político Actual. Geografía El mundo contemporáneo.

Fazio Vengoa, Hugo, Después del comunismo, Instituto de Estudios políticos y relaciones internacionales, Universidad Nacional, Bogotá, 1994.

Fazio Vengoa, Hugo, Globalización: discursos, imaginarios y realidades, Santafé de Bogotá: ediciones Uniandes, 2001.

Machado, Absalón, De la estructura agraria al sistema agroindustrial, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, 2002

Rojas, Zonia, Sin memoria Muero, A.T.I, Asociación popular de vivienda Renacer, difundir, Bogotá, 2004

Weber, Max, Sociología de la dominación.


[1] Elaborado por Zonia Rojas, integrante del equipo Justicia y Conflicto de la Asociación de Trabajo Interdisciplinario.

[2] Foucault.Michel. El sujeto y el poder, editorial, ciudad,año.

* El equipo de justicia y conflicto ha desarrollado procesos de acompañamiento a comunidades en resistencia ubicadas en: la sierra Nevada de Santa Marta, el departamento del Cauca y Bogotá más específicamente en Ciudad Bolívar, y ha propiciado –en conjunto con la Universidad Nacional de Colombia- 2 encuentros nacionales y uno internacional, entre comunidades en resistencia.

[3] Dentro de la argumentación que se presenta para ilustrar el hecho del auge en las decisiones en el orden global citamos el siguiente párrafo de Fazio Hugo en su libro “Globalización, discursos imaginarios y realidades”, donde afirma que “en efecto, la mayor parte de estas disciplinas -se refiere a las ciencias sociales- (incluidos los estudios internacionales) se han desarrollado conceptual y analíticamente en torno a la dimensión nacional: el mercado, el desarrollo, la identidad y la idea de soberanía se conciben en el ámbito de la nación o asociadas al Estado, pero los grandes problemas a los cuales hoy nos vemos abocados -flujos financieros planetarios, comercio mundial, erosión del Estado nacion, narcotráfico,migraciones, etc.-, desbordan con creces esta dimensión y no pueden ser reducibles a las fronteras del mismo.” Fazio Vengoa, Hugo, Globalización: discursos, imaginarios y realidades, Santafé de Bogotá: ediciones Uniandes, 2001.

[4] Echeverría  María Julia, Capuz Silvia María, El Sistema Político Actual. Geografía El mundo contemporáneo

[5] citado por Norberto Bobbio y Michelangelo Bovero en “Sociedad y Estado en la filosofía política moderna, 1994.

[6] Bobbio, Norberto, La teoria de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, Fonde de cultura económica, mexico  reimpresión en 1996.

[7] Es pertinente aclarar el concepto de lo clásico que para nuestro caso retomamos de Bobbio al ejemplificar como “la historia sobre las formas de gobierno puede partir de una discusión señalada por Herodoto en sus Historias (libro III, && 80-82), entre tres personajes persas Otanes, Megabyzo y Darío […] El fragmento verdaderamente es ejemplar, porque, […] cada uno de los tres personajes se presenta como defensor de una de las tres formas de gobierno, que podríamos llamar “clásicas” no solo porque nos han sido transmitidas por los escritores clásicos, sino porque se han vuelto verdaderas y propias categorías de la reflexión política de todos los tiempos (y por tanto en cuanto clasicas son tambien modernas).” Bobbio 1976, pg 15.

* Cito el presente esquema que usa Bobbio para mostrar la clasificación en seis constituciones, por su claridad para comprender lo que se está afirmando.

[8] Bobbio, Norberto, Bovero, Michel, Sociedad y Estado en la filosofía política moderna, 1994.

[9] Bobbio, 1994, Pág 47

[10] Bobbio, 1994,  pg 55

[11] Weber, Max, Sociología de la dominación.

[12] Sociología de la dominación, 1059.

[13] Este concepto es tomado de Foucoault, en su texto “El sujeto y el poder”, para hacer referencia a la situación donde la libertad y el poder, juegan un juego complejo: “ …no existe la confrontación cara a cara entre el poder y la libertad, los cuales se excluyen mutuamente (la libertad desaparece en todo lugar donde es ejercido el poder), sino un juego mucho más complicado. En este juego, la libertad bien puede aparecer como la condición para ejercer el poder (al mismo tiempo que es su precondición, ya que la libertad debe existir para que el poder pueda ser ejercido, y a la vez ser su apoyo permanente, ya que sin la posibilidad de resistencia, el poder podría ser equivalente a imposición física)”.

[14] Solo para mostrar como ideas políticas permitieron y han permitido el desconocimiento, la subyugación y discriminación de ciertos pueblos, retomo una cita que Bobbio Toma de Hegel: “De todos estos rasgos resulta que lo que caracteriza la índole del negro es el desenfreno. Esta condición no es susceptible de algún desarrollo o educación: así como los vemos hoy, han sido siempre. En la inmensa energía del arbitrio sensible, que los domina, el momento moral no tiene algún poder preciso. Quien quiera conocer manifestaciones pavorosas de la naturaleza humana, puede encontrarlas en Africa. Las más antiguas noticias sobre esta parte del mundo dicen lo mismo: por tanto ella no tiene propiamente una historia. (p. 262)”. O esta otra de Montesquieu: “No nos podemos convencer de que Dios, quien es un ser muy sabio, haya puesto un alma buena, en un cuerpo tan negro […] Nos es imposible suponer que ellos sean hombres, porque si lo supusieramos tales, se podría comenzar a creer que nosotros mismos no somos cristianos (XV,5,de. cit,vol. I, pp. 409-410 )”.

[15] Si se desea profundizar en el tema de cómo se consolida y se hace indispensable la burocracia para la permanencia de un Estado, se puede consultar el texto de Weber “socialogía de la dominación” a partir del capítulo IX, numeral 2.

[16] Se puede encontrar evidencia de esta afirmación en los documentos históricos del siglo XIX, al lado de la historia de guerras civiles. 

[17] Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Fondo de cultura económica, santafe de Bogotá, 1992.

[18] Bobbio, 1992, Fondo de cultura Económica.

* Me refiero a recursos de los cuales depende la sobrevivencia inmediata y futura de los habitantes de una nación, como el agua, el petróleo, el aire, las selvas, la biodiversidad, etc.

[19] “El mercantilismo, como alianza del estado con intereses capitalistas, apareció bajo un doble aspecto. 1. Una de sus formas de aparición fue la de un mercantilismo monopolístico estamental, tal como se nos presenta de modo típico en la política de los Estuardos y de la iglesia anglicana y, en particular, en la del obispo Laud, decapitado más tarde. Este sistema queria la creación de una articulación  estamental de toda la población en sentido cristiano-social, una estabilización de los estamentos, para poder volver a introducir el sistema social de la caridad cristiana. 2) La segunda forma del mercantilismo fue la del mercantilismo nacional, que se limitaba a proteger sistemáticamente las industrias nacionales realmente existentes, pero no credas por monopolios.” Sociología de la dominación. Cap. IX pág. 1054.

[20]“La tecnología –dice Marx (en el Capital,t.I)- descubre la relación activa del hombre respecto a la naturaleza, el proceso inmediato de producción de su vida, y, al mismo tiempo, de las condiciones sociales de su vida y de las representaciones espirituales que de ellas se derivan”, y en el prólogo a la Contribución a la economía política: “en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de produción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura juridica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase del desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o , lo que no es más que la expresión jurídicca de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.

[21] “Los indicadores del proceso de globalización son: el multilateralismo y el regionalismo económicos, la redefinición de las reglas de juego para el comercio internacional a través de la OMC, la reestructuración y avance de las empresas trasnacionales (ETN) ; la revolución tecnológica; la reestructuración productiva y financiera; la redefinición del papel del Estado y el mercado en la asignación de recursos; la creciente valoración de lo local y la descentralización; la apertura de las fronteras económicas; la formación de grandes bloques económicos y la tendencia a la homogenización de hábitos, costrumbres y formas de organización de los sistemas de producción”. Pag. 70 Absalón Machado, De la estructura agraria al sistema agroindustrial, Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, 2002

[22]Bobbio, F.C.E. 1992.

* Retomando a Bobbio, F.C.E. Mexico, 1996, pg 10.

[23]Si tenemos en cuenta la definición he hace Juan Bodino: “Soberanía: significa poder supremo, poder que no reconoce por encima de si mismo ningún otro. “En la escala de los poderes, de los que cualquier sociedad jerarquizada esta constituida, si se parte de abajo hacia arriba, se observa que el poder inferior esta subordinado al superior, el que a su vez lo está a un poder todavía más elevado; y al final de la escala forzosamente existe un poder que no tiene por encima de sí mismo ningún otro. Este poder supremo, o summa potestas, es el poder soberano; donde hay un poder soberano, hay un estado”.(Bobbio las teorías de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, Pág 80)

[24] Capacidad de disponer a la población para la guerra en defensa de los intereses privados a través de diferentes formas de organización: agencias  de seguridad privada y sus conexiones.

[25] Shoshana Felman. El escándalo del cuerpo hablante. Págs. 26,27 citado por Humberto Cárdenas en Carta abierta como un campo de cereales en una gota de rocío, 2005.

[26] Shoshana Felman. El escándalo del cuerpo hablante. Págs. 26, 27.

[27] Las relaciones de fuerza se modifican, en sociedades donde la democracia crece en sentido inverso al crecimiento de todas las miserias; un acto performativo se ejemplifica, especialmente como lo hace Austin, con las normas jurídicas y las decisiones de los tribunales, con lo que él llama la clase de los judicativos.

[28] Cárdenas, Humberto, carta documentos de reflexión, Bogotá, 2005.

[29] Si como estrategia comprendemos con Foucoault que “cada relación de poder implica al menos, in potentia, una estrategia de lucha, en donde las dos fuerzas no estan superpuestas, donde no pierden su naturaleza específica, o donde no se confunden. Finalmente cada una constituye para la otra una especie de límite permanente, un punto de retroceso posible”.

[30] Rojas, Zonia, Sin memoria muero, Difundir, Bogotá, 2004, pág 111.

[31] Son del tipo de luchas de “oposición a los efectos del poder que están asociados con el conocimiento, la competencia y la calificación: luchas contra los privilegios del conocimiento. Pero también son una oposición contra el secreto, la deformación y las representaciones mistificadas impuestas a las gentes.”“[…] lo que es cuestionado es la forma en la que el conocimiento circula y funciona, sus relaciones con el poder. En resumen, el régime du savoir.” Foucault, Michel, El sujeto y el poder.